—Soy Valentina.
Elena dejó de respirar.
No fue una metáfora.
Fue literal.
El aire se quedó atascado en algún punto entre el pecho y la garganta mientras su mano se aferraba al auricular del teléfono fijo.
Al otro lado del pasillo, la casa estaba en silencio.
El cuarto de invitados.
La puerta cerrada.
Daniel adentro.
O fingiendo dormir.
—¿Cómo conseguiste este número? —preguntó Elena.
La voz le salió baja.
Tensa.
Filosa.
Valentina tardó un segundo en responder.
—Lo tenía desde hace tiempo.
Eso f