Elena no habló durante tres calles completas.
No porque no tuviera palabras.
Sino porque la frase pintada en la pared de la galería seguía viva dentro de su pecho.
LAS MUJERES ROTAS NO EXPONEN.
Cada letra sonaba a Daniel.
No por la caligrafía.
Por la idea.
Por la obsesión.
Por la necesidad de que una mujer herida también desaparezca.
Rodrigo siguió conduciendo sin empujarla a hablar.
Paula iba atrás, con el teléfono en la mano, escribiéndole a Adriana.
Lucía esperaba con Sofía en casa.
Elena mi