A la mañana siguiente, Elena despertó con una certeza nueva.
Daniel ya no estaba peleando solo por Sofía.
Estaba peleando por su cara frente al mundo.
Y eso, de alguna forma, lo volvía todavía más peligroso.
La frase del cuadro seguía en su cabeza.
Las mujeres rotas exponen.
Anoche la había escrito en la libreta azul.
La había repetido en silencio antes de dormir.
Y ahora, al abrir los ojos, sintió que ya no era solo un título.
Era una línea.
Una frontera.
Una advertencia.
Sofía seguía dormida