—¿Es por papá?
La pregunta de Sofía se quedó al otro lado de la puerta.
Pequeña.
Suave.
Y devastadora.
Elena apoyó la frente contra la madera.
Cerró los ojos.
Durante dos segundos no fue esposa.
No fue mujer herida.
Solo fue madre.
Y entendió que ya no podía seguir improvisando.
—No es por ti, mi amor —dijo al fin.
La voz le salió ronca.
Muy baja.
—Entonces sí es por papá —susurró Sofía.
Elena sintió que el pecho se le abría otra vez.
Los niños no siempre entienden la verdad.
Pero sí entienden