Elena siguió mirando la hoja de papel.
Sin parpadear.
Sin respirar con normalidad.
Sin entender cómo las palabras podían parecer tan tranquilas sobre el papel y, sin embargo, herirla tanto.
“Trastorno emocional grave.”
“Comportamiento impredecible.”
“Uso de menor de edad para castigarme.”
Cada línea era como una puñalada distinta.
Y lo peor no era la mentira en sí.
Lo peor era darse cuenta de lo inteligente que estaba construida esa mentira.
—No puede hacer esto —repitió ella.
Su voz sonó débil