La patrulla estaba frente a la casa de Lucía.
Motor encendido.
Luces apagadas.
Dos agentes junto a la banqueta.
Esperando.
Elena sintió que el aire desaparecía dentro del coche.
Sofía se incorporó un poco en el asiento trasero.
El conejo apretado contra el pecho.
Los ojos enormes.
—¿La policía vino por mí?
Elena se giró de inmediato.
—No, mi amor.
La respuesta salió demasiado rápido.
Demasiado nerviosa.
Tuvo que obligarse a bajar la voz.
—No. Solo quieren asegurarse de que estás bien.
Sofía mir