La sombra bajo la puerta no se movió.
Elena se quedó inmóvil en medio de la cocina, con el corazón golpeándole tan fuerte que por un segundo creyó que Daniel podía escucharlo a través de la madera.
No respiró.
No habló.
No hizo nada.
La sombra siguió allí.
Quieta.
Esperando.
Luego desapareció.
Un paso hacia atrás.
Otro.
El crujido leve del piso del pasillo.
Y silencio.
Otra vez.
Elena soltó el aire de golpe.
Tardó varios segundos en recordar cómo moverse.
No abrió la puerta enseguida.
Esperó.
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