Elena empezó la mañana con un cuaderno, un bolígrafo y unos números que le apretaban el pecho.
Apuntaba todo sobre la mesa de la cocina de la casa de Lucía.
Medicinas.
Gasolina.
Comida.
Uniformes de repuesto para Sofía, por si no podían volver pronto a buscar ropa.
Cuotas pendientes del local de trabajo.
Saldo restante en su nueva cuenta bancaria.
Lo leyó una vez.
Después otra vez más.
Al final dejó el bolígrafo sobre el cuaderno, porque los números no cambiarían solo por mirarlos una y otra ve