La nota seguía en mi mano cuando dejé a Rocco en el vestíbulo, hablando en voz baja con Carlos por teléfono. No podía quedarme quieta escuchando el mismo silencio que él llevaba cargando desde que pronunció aquellas cuatro palabras: "Él ya lo sabía." Necesitaba aire, distancia, y pensar sin el peso de sus ojos grises fijos en mí, así que subí las escaleras hacia el ala oeste de la casona, donde el despacho de mi padre.
Empujé la puerta con cuidado, como si temiera despertar algo dormido. El air