Bajé a la cocina con el eco de los pasos resonando en la madera vieja de la casona. El aroma a café recién hecho inundaba el ambiente, un rastro cálido en medio de una mañana que se sentía tensa y helada. Me guió directamente hasta la mesa principal, donde Rocco ya estaba instalado. Tenía una taza humeante entre las manos, pero su atención estaba completamente dividida.
El teléfono móvil permanecía apoyado sobre la superficie de madera, con la pantalla encendida mostrando una lista interminable