La mañana amaneció con una luz limpia que se filtraba a través de las cortinas de la mansión. No había nubes, ni viento, ni señales de tormenta. Solo la certeza de que el día iba a ser diferente. Rocco había reservado una cita en la clínica privada, la misma donde meses atrás el médico me había confirmado el embarazo en secreto. Pero esta vez, ya no era un secreto. Se había vuelto una elección compartida.
—¿Estás lista? —preguntó Rocco, desde la entrada del vestíbulo.
—No —respondí, con una son