La noche había caído sobre la mansión, recordé aquel beso en la cocina, que no fue un beso lo que marcó el momento. Fue una promesa. La promesa de que, pase lo que pase, Rocco y yo intentaríamos construir algo real. Algo que no estuviera basado en contratos ni en obligaciones.
Rocco se sentó frente a mí, con las manos entrelazadas sobre la mesa y la mirada fija en la ventana. La luz de la luna se filtraba a través de los cristales, iluminando sus facciones con una claridad suave, no habló duran