La pantalla del proyector permanecía en blanco, esperando a que Rocco presionara el botón que cambiaría el destino del imperio Fénix. Pero en lugar de reproducir el video de inmediato, Rocco se volvió hacia la junta directiva. Su mirada recorrió los rostros de los accionistas, algunos de ellos pálidos, otros curiosos, y se detuvo brevemente en los abogados de Beltrán, que ya comenzaban a inquietarse en sus asientos.
—Antes de que vean lo que ocurrió aquella noche —dijo Rocco, con una voz firme