La segunda bodega había sido más difícil de encontrar que la primera. El mapa de mi padre señalaba una entrada camuflada detrás de una pared de roca, cubierta por décadas de hiedra y musgo. Tardamos casi una hora en localizarla, y cuando finalmente logramos abrirla con la segunda llave fénix, el compartimento estaba vacío.
No había carpeta. No había sobre lacrado. Solo una nota, escrita con la letra temblorosa de mi padre:
"Si estás leyendo esto, es porque el enemigo ha llegado antes que tú. No