El regreso a la casona fue más largo de lo que recordaba. Cada paso que daba sobre la tierra blanda parecía pesar el doble, y el aire frío de la noche se colaba por las rendijas de mi chaqueta de cuero, helándome los huesos. El diario de mi padre, envuelto en el saco de Rocco, era un peso que iba más allá de lo físico. Era la promesa de una verdad que podía cambiar todo, o destruirlo todo.
Cuando cruzamos la entrada de la casona, el silencio era absoluto. Los sensores perimetrales no habían det