La noche parecía cerrarse sobre nosotros mientras caminábamos hacia el límite este de los viñedos. El mensaje anónimo seguía ardiendo en mi bolsillo, sus palabras grabadas a fuego en mi mente: "No confíes en nadie, Verónica. Ni siquiera en él."
Miré la espalda de Rocco, unos pasos delante de mí. Su silueta se recortaba contra el cielo estrellado, firme y decidida. Había en él una tensión palpable, una furia contenida que no lograba ocultar del todo. La forma en que apretaba los puños mientras c