Mis dedos se apretaron contra la cartulina satinada de la tarjeta médica con tanta fuerza que los bordes se hundieron en mi palma. El nombre de la Clínica Obstétrica San Judas parecía brillar con una luz acusadora bajo la penumbra del vehículo blindado. El aire desapareció por completo de mis pulmones mientras el auto frenaba suavemente frente a la imponente Torre Fénix. Miré de reojo a Rocco.
Él seguía inmóvil a mi izquierda, pero su mano grande continuaba acariciando sutilmente la corona de s