El silencio que inundaba la sala de juntas de la Torre Fénix se volvió denso, casi sólido, volviendo el aire completamente irrespirable. Las fotografías proyectadas en la pantalla gigante mostraban mi silueta ingresando a un edificio gris en los suburbios de la ciudad.
El mismo complejo médico donde operaba la Clínica Obstétrica San Judas. Miré de reojo a Rocco, su rostro parecía una escultura de piedra imperturbable, pero la forma en que sus dedos grandes apretaban el borde de la mesa de caoba