—Te estás desangrando por dentro del miedo, Verónica... Viniste a recuperar este extractor de datos informáticos a mitad de la noche y ahora tu cuerpo colapsa por la culpa —sentenció Rocco, y su voz bajó a un registro tan bajo que me heló la sangre—. No estás enferma de gastritis. Estás aterrada. ¿Para quién estás trabajando realmente en mi propia casa y qué es lo que pretendes robar de mi sistema?
La acusación me golpeó con la fuerza de un impacto físico. Sostener la mirada de Rocco en la penu