El sonido ensordecedor de la alarma de la mansión de Rocco perforaba mis tímpanos, mientras los reflectores rojos de emergencia daban vueltas, tiñendo el metal de mi auto deportivo de un color sangriento. Mi corazón golpeaba contra mi pecho con una violencia salvaje. Presioné el acelerador a fondo, dispuesta a salir disparada por el portón del garaje secundario en cuanto se elevara lo suficiente. Necesitaba ese dinero en efectivo de las carreras clandestinas.
Necesitaba proteger a mi bebé de se