Desperté de golpe, poco después de las tres de la madrugada, con un dolor que no se parecía en nada a las contracciones falsas de días atrás. Fue como si algo dentro de mí se apretara con una fuerza total, arrancándome un grito antes de que pudiera siquiera procesar del todo lo que estaba pasando.
La habitación estaba a oscuras, salvo por la luz tenue que se filtraba desde el pasillo, y por un instante, antes de que el dolor volviera a apoderarse de mí, alcancé a pensar en lo distinta que se se