El rugido del motor del vehículo negro de Rocco ahogó el sonido de mis propias protestas mientras los neumáticos chirriaban contra el asfalto húmedo. Los escoltas se posicionaron en formación de flecha detrás de nosotros, bloqueando cualquier intento de aproximación de las patrullas o de la prensa.
Yo estaba pegada a la portezuela trasera, con el pecho agitándose con una violencia que amenazaba con romper mis costillas. Mis ojos seguían fijos en la azotea del edificio de enfrente, donde la silu