El sobre llegó esa misma noche, sin remitente, dejado directamente en el buzón de la entrada principal en algún momento entre las nueve y diez de la mañan. No había sello postal, ni nombre, solo nuestras iniciales escritas a mano en el frente, con una letra que reconocí de inmediato, la misma que había visto en las notas que Julián dejaba en los viñedos meses atrás.
Rocco lo abrió, mientras yo esperaba a su lado con un nudo creciente en el estómago. Dentro había una sola fotografía, tomada con