Desperté antes que Rocco, con la luz gris del amanecer filtrándose entre las cortinas nuevas de seguridad que Carlos había instalado la noche anterior, ninguno de los dos había dormido bien, pero en algún momento, entre la vigilia, había tomado una decisión que no pensaba dejar que nadie, ni siquiera Rocco, me convenciera de abandonar.
Bajé al despacho antes de que él despertara, encendí el ordenador y saqué del cajón cerrado con llave el USB que habíamos desencriptado semanas atrás, el mismo q