Dmitry está sentado en uno de los individuales de mimbre, con la mirada perdida en la oscuridad del campo que se extiende más allá del porche. A pesar de la alta hora de la noche, el aire nocturno se siente fresco. En el porche trasero de la hacienda, la luz tenue de las lámparas exteriores crea un ambiente cálido y acogedor, muy a pesar de la ligera brisa que sacude las hojas de los árboles cercanos.
El murmullo lejano de los grillos y el suave crujido de la madera bajo los pies de Vera son los