Las luces de la ciudad parpadean a través del parabrisas mientras el auto avanza por las calles en dirección a la estación de trenes. Grigori mantiene ambas manos firmemente en el volante, los nudillos levemente tensos mientras suelta un suspiro frustrado y bajas maldiciones.
—Dmitry es un completo idiota… ¡carajo! —masculla, manteniendo la vista en la carretera—. ¿Cómo demonios pudo olvidar los boletos del tren cuando yo mismo le recordé que los metiera en su chaqueta? ¡Se lo repetí hasta el c