La puerta de la casa se abre de golpe cuando Grigori entra sin detenerse a mirar a nadie. Su rostro refleja pura irritación, y su andar decidido y furioso deja claro que no está de humor para escuchar explicaciones ni disculpas.
Ante su tempestiva entrada, las conversaciones que se desarrollan en la sala, se detienen al instante. Todos en la estancia giran la cabeza para verlo avanzar con paso firme. Saben que deberían esperarse una reacción intensa de su parte, pero lo que no imaginan es lo qu