Para cuando el Jeep se detiene frente a la Romanovskaya, esta se muestra totalmente en calma. La luna se encuentra brillando en lo alto, iluminando tenuemente el camino de piedra que conduce a la entrada principal. Apenas el motor se apaga, Layeska desabrocha su cinturón y cuando Anastasia le abre la puerta, no duda en saltar fuera del vehículo con una energía que ambos adultos consideran inagotable, abrazando contra su pecho el gran peluche de unicornio que Dmitry le ganó en los juegos del tir