Al salir de la estación de trenes, Arman y Grigori son recibidos por el sol del mediodía que brilla intensamente sobre ellos. Después de un viaje de seis horas encerrados en una cabina con aire acondicionado, el calor que los cubre se siente reconfortante y la ligera brisa que sopla les ayuda a despejar un poco la somnolencia del viaje.
Ahora que han descansado durante el trayecto, ambos pueden asegurar que sus ánimos están más calmados, aunque la incomodidad de estar en otro país sin maletas,