Cuando las patrullas comienzan a alejarse cada vez más del terreno principal, el eco de las sirenas poco a poco comienza a hacerse más distante mientras se pierde en la lejanía del camino que lleva hasta la hacienda. Al contemplar aquello, Vera se aferra con más fuerza al amargo abrazo que comparte con Arman, su cuerpo dejando ver los espasmos que se producen por la rabia y el miedo que la embarga.
Negado a romper el contacto, Arman acaricia su espalda con suavidad, tratando de calmarla.
—Todo