El auto avanza lentamente por el camino de tierra, el motor emitiendo un suave ronroneo que se mezcla con el crujir de las piedras bajo las ruedas llenando todo con su sonido debido al silencio que reina a esa hora. Arman, con las manos firmes en el volante, mantiene la vista fija al frente, pero su semblante refleja la tensión que siente al estar allí , más aún, porque sabe que el tiempo de planear ha terminado, y es hora de pasar a las acciones.
Junto a él, en el asiento del copiloto Vera se