Askeladd y Azucena salieron del Templo de la Luna en silencio. El rastro de las palabras de Elenya todavía flotaba en sus mentes, como si la sacerdotisa aún estuviera allí, hablándoles al oído. Ella había prometido buscar respuestas en los libros antiguos, en los grimorios que descansaban bajo capas de polvo, confiando en que la magia blanca escondiera una salida.
Pero todos ellos sabían que los pactos con las fuerzas prohibidas no eran una opción, no podían ser tomados a la ligera. No porque f