En el fragor de la nueva vida matrimonial, Ariadna, la reciente esposa de Mervin, enfrentaba una tormenta de emociones. La promesa de amor eterno se desvanecía rápidamente, y en su lugar, la soledad y el abandono se instalaban en su corazón. Las noches solitarias se prolongaban, y Mervin, sumergido en sus propios asuntos, llegaba tarde, desatendiendo los deberes de esposo.
Ariadna: (susurrando para sí misma) ¿Qué ha pasado con nosotros? Esta no es la vida que imaginé.
La verdad que se ocultaba