A medida que crecía la pasión de Ana por la psicología y el poder transformador del perdón, también crecía su deseo de crear un impacto duradero en las vidas de los demás. Con el apoyo inquebrantable de sus padres, Olegda y Andrés, se embarcó en un viaje para establecer una fundación dedicada al arte del perdón y la reconciliación.
Ana llamó a la fundación —CORAZONES UNIDOS—, un testimonio de la liberación que el perdón puede traer a las almas heridas. La misión de CORAZONES UNIDOS era simple