Olegda estaba de pie al borde del reluciente lago, el cálido sol mexicano arrojando un brillo dorado sobre la superficie del agua. Había viajado miles de kilómetros en busca de una solución, una manera de sacar a Andrés del abismo de su letargo. Después de tres largos y agonizantes meses de ver a su amado atrapado en estado de trance, Olegda estaba desesperada por encontrar respuestas.
Los médicos estaban desconcertados, incapaces de determinar la causa del estado de Andrés. Era como si todo s