Esos zapatos… son de cuero italiano.
Me costó mantener los ojos abiertos, recorriendo la figura alta y musculosa que estaba ante mí. Hasta que lo vi, su rostro… Sus ojos azules oscurecidos de forma intimidante, su cabello negro azabache revuelto, dándole un aura salvaje y su mandíbula firme apretada con tanta fuerza que parecía tallado en piedra.
Maximilian.
Parpadeé repetidas veces, arriesgándome a que mis ojos se cerraran y no volvieran a abrirse.
¿Era una alucinación causada por la fiebre?