Esos zapatos… son de cuero italiano.Me costó mantener los ojos abiertos, recorriendo la figura alta y musculosa que estaba ante mí. Hasta que lo vi, su rostro… Sus ojos azules oscurecidos de forma intimidante, su cabello negro azabache revuelto, dándole un aura salvaje y su mandíbula firme apretada con tanta fuerza que parecía tallado en piedra.Maximilian.Parpadeé repetidas veces, arriesgándome a que mis ojos se cerraran y no volvieran a abrirse.¿Era una alucinación causada por la fiebre? No podía ser real.Sin embargo, cuando se acercó, agachándose frente a mi cuerpo sin fuerzas, pude sentirlo… su calor, su olor a cedro y bergamota.Sí era real. ¿Qué hacía aquí?Su mano grande y fuerte fue a mi mejilla. El tacto cálido y acogedor casi hizo que me derritiera. Jadeé, presionándome contra su piel. Por más que lo odiara, en estos momentos lo necesitaba urgentemente.Necesitaba su calor.—Maximi… —Mi garganta estaba seca, agrietada.—Cállate —Su voz era dura, severa y profunda. No t
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