Se había marchado.
Era la primera vez en dos años que lograba librarme del yugo de Theodore. No era completamente libre, no hasta que legalmente me desvincule de él, pero era lo más cerca que he estado de la libertad.
Sentí como la adrenalina empezaba a disiparse lentamente a través de mis venas, dejando el cansancio y el alivio por igual. Mis manos seguían aferradas a los reposabrazos con tanta fuerza que mis nudillos habían palidecido.
Maximilian no se movió. Permaneció de pie, observándome