No emití el más mínimo sonido. Ni siquiera estaba segura de respirar. Las lágrimas seguían corriendo por mis mejillas.
Sería imposible negar los rumores después de esa escena. Creerían que era una infiel y no tenía manera de demostrar lo contrario. Sin embargo, no me arrepentía de irme de esa mansión, de estar con él hombre que me veía como una ficha y mucho menos me arrepentía del hecho de que vino a salvarme de las garras de esos reporteros chupa primicias.
No sabía que hubiera sido de mí