Mis ojos estaban fijos en la ventanilla, viendo cómo los edificios familiares pasaban frente a mí. Todo parecía igual, pero yo era diferente. Ya no era la misma mujer que había huido desesperadamente. Ahora tenía un bastón, una nueva vida y... un problema.
Maximilian estaba sentado a mi lado, su presencia llenando el espacio con esa intensidad que siempre me desarmaba. No había dicho nada desde su última declaración, pero sentía su mirada en mí, como si estuviera esperando algo. Su olor a ber