No dejaba de toquetear la mordida. Aún podía sentir sus dientes en mi piel, reclamándome. Una presión que reconocía muy bien a instaló en mi vientre, pero me esforcé por ignorarlo mientras trabajaba.
Sentía que las personas me veían al pasar, que se fijaban en la marca de mi cuello. ¿Sería paranoia o en verdad me veían? ¿Les impresionaba que una mujer en silla de ruedas pudiera tener una vida sexual activa?
Bueno… es verdad que no la tengo, pero podría. El doctor reparó mi territorio sacro.