Por fin, levantó su mirada de los papeles.
Sus ojos azules me envolvieron, demostrándome al hombre de negocios en el que se había convertido.
—¿Un trato?
—Sí —respondí, enderezando mis hombros al ser consciente de que tenía toda su atención—. Tú me ayudas a romper ese maldito contrato, a liberarme de Theodore y a no tener que casarme contigo ni con ningún otro King. Y yo... yo te ayudaré con tu estrategia contra tu padre. Seré tu aliada, tu ficha, lo que quieras que yo sea. Pero cuando termin