Capítulo 36. El peso de la venganza
La mañana siguiente, el aroma a café y a tierra mojada hizo que Eve despertara. Al salir, todavía en pijama y descalza, vio a Alex en la cocina. Había dos tazas en la encima y unos documentos en los que estaba perdido.
— ¿Cuánto tiempo pasaré aquí? — preguntó Eve de pronto, jugando con sus dedos.
— El tiempo necesario.
— ¿Y cuándo podré ver a Sofía?
— Eso todavía no lo sé. Debo seguir el protocolo de seguridad.
Eve sonrió con sarcasmo, cruzándose de brazos.
— ¿El mismo protocolo de seguridad que