Madrid no era la ciudad de sol y risas que Valeria recordaba de su juventud; bajo la influencia de Leo, la capital de España se había transformado en un circuito integrado a escala urbana.
Las luces de los rascacielos de la Castellana parpadeaban en un código binario frenético, y los vehículos autónomos se movían en una coreografía perfecta dirigida por la mente del niño que ahora residía en el ático de la Torre Cristal.
Valeria Miller caminaba por la Gran Vía, flanqueada por una figura que p