La mañana en la sede de Montes Group comenzó con una serie de notificaciones legales que confirmaban la prisión preventiva para Isabella Thorne sin posibilidad de fianza.
Valeria Miller revisaba los informes en su tableta mientras caminaba hacia la sala de conferencias, sus pasos resonando con una precisión militar en el suelo de granito pulido.
El asistente misterioso, cuya identidad seguía siendo un secreto incluso para el círculo íntimo de la empresa, le había enviado una actualización sobre