El amanecer sobre el lago de Zúrich trajo consigo una claridad que parecía tallada en diamante.
En la sala de conferencias de la mansión del Grupo Montes, el ambiente estaba cargado de una solemnidad absoluta.
No se trataba de una reunión de negocios común; era el funeral legal de una dinastía y el nacimiento de un nuevo orden.
Valeria Miller estaba sentada a la cabecera de la mesa, vestida con un traje de mujer blanco que proyectaba una imagen de pureza y poder inalcanzable.
Frente a ella,