El cielo de Hong Kong se despidió de Valeria Miller con una tormenta tropical que golpeaba con furia los cristales de la ventana de su suite, como si la propia ciudad protestara por su partida.
Sin embargo, en el interior del jet privado del Grupo Montes, el ambiente era de una calma quirúrgica.
Valeria estaba sentada frente a su terminal, terminando de supervisar el traslado de los servidores centrales desde Londres y Hong Kong hacia las nuevas instalaciones en los Alpes Suizos.
Zúrich no era