capitulo 76

El aire en el despacho de Damián estaba saturado de un aroma que conocía demasiado bien: pino, tormenta y una desesperación que se le filtraba por los poros. Durante años, ese olor fue mi refugio, luego mi tortura y ahora, simplemente, era el perfume de un hombre que se desmoronaba frente a mí.

Cerré la puerta pesada de roble a mi espalda. El sonido del cerrojo encajando resonó en el silencio sepulcral de la habitación. Damián estaba de pie junto al ventanal, con la espalda te
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