Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl aire en el despacho de Damián estaba saturado de un aroma que conocía demasiado bien: pino, tormenta y una desesperación que se le filtraba por los poros. Durante años, ese olor fue mi refugio, luego mi tortura y ahora, simplemente, era el perfume de un hombre que se desmoronaba frente a mí.
Cerré la puerta pesada de roble a mi espalda. El sonido del cerrojo encajando resonó en el silencio sepulcral de la habitación. Damián estaba de pie junto al ventanal, con la espalda te






