Mundo de ficçãoIniciar sessãoElla levantó una ceja, y por un instante vi el destello de la mujer fuerte que tantas veces me había enfrentado. Era como si, pese a su propia montaña de emociones, una parte inquebrantable de Clío se alzara cuando escuchaba algo que le preocupaba. Se quedó mirándome, ahora sin decir nada. Me acerqué de rodillas y le tomé las manos mientras le decía:
—¡Traté de encontrarte, Clío! ¡Juro por Dios






