265. CONTINUACIÓN
Enrico sonrió mientras ajustaba el pequeño transmisor que siempre llevaba consigo. Siempre tan meticuloso, nunca salía ni siquiera a revisar el perímetro sin estar completamente preparado.
—Eso es verdad, ahora sí parece un joven de su edad —reconoció Enrico—. Y ríe muchísimo; siempre tiene una sonrisa en sus labios al lado de Lúa, ella realmente lo hace feliz.
Sonreí, recordando que es verdad lo que dice. Es un milagro que Lúa lo haya perdonado y aceptado. A pesar de que se portó muy mal c